Siervas del Sagrado Corazón
de Jesús y de los Pobres
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"Quiero imitar a Cristo mi buen Jesús, que vino a enseñarnos con su palabra y con su ejemplo el amor de preferencia para con los pobres y desvalidos que el mundo desprecia" Nacido de noble familia, y en buena posición económica y social, no fue atraído por los bienes de esta tierra, pues desde niño fue sensible a las necesidades de los pobres. Se dice que desde muy pequeño se encargaba de dar las limosnas a los pobres que llegaban a su casa en busca de ayuda y que con frecuencia regalaba sus cosas a otros niños. La relación que la familia tenía con los padres paúles, hijos de San Vicente de Paúl, quien dedicó su vida al servicio de los pobres, inclinó su corazón hacia esa forma de vida. Cuando ingresó con ellos comentaba a sus connovicios que todos tenían que ser otros Vicente de Paúl. El Padre Yermo lo logró, fue un verdadero padre de los pobres, al punto que cuando murió, Javier de Irazabal escribió: "... Mañana se cumplen nueve días del luto general que tuvieron, cuantos conocieron al distinguido, caballeroso, sabio y heroico Vicente de Paúl de nuestro siglo, Presbítero Don José María de Yermo y Parres". En su corazón siempre supo que su misión eran los pobres. Hay sin embargo un episodio en su vida que le enfrentó de manera cruel y directa con las miserias del hombre de su tiempo:
“ La ocasión se me presentó de ver como a dos criaturas recién nacidas se las comían unos puercos. Ignoro si esas criaturas las arrojaron vivas a donde esos animales se las comían...” Esta escena le estrujó el corazón y le puso en el camino preciso para un servicio eficaz y total a los pobres: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar la buena nueva a los pobres, la liberación a los cautivos, la vista a los ciegos, la libertad a los oprimidos ...” Lc. 4, 18 El panorama social se presentó crudamente ante el Padre Yermo: Los desposeídos, los no incluidos, los sin voz, estaban ahí. Los mendigos, los niños desamparados, los ancianos, las mujeres prostituidas, los enfermos, los pecadores todos, analfabetas, indígenas, todos los que están al margen de los bienes económicos, sociales, culturales y hasta espirituales. “Ahora sé bien lo que Dios quiere de mí y dejando todo, yo me entrego enteramente a su empresa, en ella va su gloria y la salvación de muchas almas”. Fundador
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